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Una
algarabía de niños portando palmas y ramas de olivo
acompañan el Domingo de Ramos a Jesús en su entrada
triunfal. El paso conocido popularmente por "La
Borriquilla" recorre las calles de la ciudad
entre la ilusión y la espontaneidad de los pequeños. |
Las procesiones
de la Semana Santa benaventana son un tanto eclécticas. Su
imaginería corresponde a épocas distintas, pues cada periodo
histórico o cada siglo han ido dejando en ellas su
importancia. Así observamos retazos medievalizantes, que nos
remiten a un tiempo en que el hombre se veía abocado a una
difícil existencia y a una muerte prematura. Semana Santa que
como en muchos otros lugares de Castilla se caracteriza por la
sobriedad. Es esta una Pasión de penitentes y de mujeres
pregando detrás de las imágenes, de Cristos hieráticos y
agonizantes, de nazarenos arrastrando pesadas cruces por pinas
cuestas y calles angostas. Semana Santa que nos retorna al
Benavente medieval, de gremios y silencios monacales, de
seculares costumbres hoy perdidas, como la de situar un
cofrade a la puerta del Hospital de la Piedad durante la
procesión del Jueves Santo para pedir por la salud pública
de la villa, en un tiempo en que el hombre vivía expuesto a
continuas penurias y calamidades. Hay también rastros de una
etapa de realismo barroquizante, en la que las procesiones se
concebían como exteriorización colectiva, perdiendo en buena
parte los valores intimistas de las primitivas procesiones
medievales. Es la Semana Santa de los siglos XVII y XVIII,
caracterizada por imágenes efectistas, de Mater Dolorosas
atravesadas por simbólicos puñales, de imágenes de vestidor
con ricos ropajes, de Nazarenos expresivos que arrastran todo
el dolor del mundo. Hay también huellas de una Semana Santa
de sabor ruralizante, de quiero y no puedo, de un tiempo en el
que los caudales de las cofradías sólo daban para los pasos
llamados de papelón, de figuras con mucho barniz, de sargas y
harpilleras encoladas. Épocas de una iconografía de
personajes que resultan a veces grotescos, de sayones con
caras repulsivas, envilecidos a los ojos del pueblo. Unas
esculturas en definitiva toscas, hechas con pocos medios, pero
a veces rayanas con la ingenuidad. Encontramos también
señales de la Semana santa de fin de siglo, con imágenes
ataviadas ricamente, con doseles al estilo andaluz, con una
estética muy al gusto de la burguesía finisecular, impulsora
y patrocinadora de las manifestaciones religiosas de aquel
tiempo, en que una cuantas familias pudientes hicieron
también espejo de su poder social y económica en las
procesiones. Pero son sin duda las señales o retazos más
importantes de la Semana Santa benaventana los aportados en
los años veinte del presente siglo, en que se produce una
auténtica renovación del fenómeno procesional y numerosos
pasos e imágenes viene a enriquecer el repertorio
iconográfico. En este sentido varias obras del afamado
escultor valenciano Pío Mollar, como son "El Yacente",
"La Oración del Huerto", etc, suponen una
aportación decisiva a la imaginería semanasantera. Estas
obras se caracterizan por el colorido y la luminosidad
levantina, que entroncan con la estética de los Salcillos y
los Benlliure, que están lejos de los valores de la
imaginería tradicional castellana. Por último en los años
cincuenta, dos aportaciones puntuales pero muy significativas
vienen a engrosar el patrimonio cofradiero de la Semana Santa
local, son el grupo de la Crucifixión, llamado también la
Cuarta Palabra y el Flagelado o Cristo atado a una columna,
obra esta última de nuestro paisano José Alonso Coomonte. Hemos
de indicar que dos acontecimientos nefastos menguaron en gran
parte el patrimonio escultórico y procesional de las
cofradías, fuero la invasión francesa y la inundación
ocurrida a causa de una gran tormenta en 1918. De la invasión
francesa nos indica D. Pascual Madoz en su célebre
diccionario geográfico escrito en 1845: "la ermita de la
Soledad tenía bellísimas imágenes antes de la Guerra de la
Independencia que fueron quemadas por los franceses. De ella
salen y vuelven las procesiones de la Semana Santa". En
cuanta a la tormenta ocurrida el 22 de mayo de 1918, sabemos
que ésta causo grandes desperfectos en las imágenes y
materiales allí custodiados.
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Izquierda.
La imagen del Santísimo Cristo de la Salud procesiona la noche
del Miércoles Santo con la Cofradía del Silencio. Derecha.
Nuestra Señora de los Dolores, imagen de finísima elegancia y
gesto de dolor contenido, procesiona acompañada de la Cofradía
de Jesús Nazareno. |
Es
Benavente una ciudad alegre y animosa, que sabe rezar y reír,
cada cosa en su momento. Pasa Benavente austeramente por la
Semana Santa sin grandes estruendos, camino de sus fiestas
patronales de La Veguilla. Cuenta con unos desfiles
procesionales de onda raigambre, mantenidos con dignidad para
rememorar cada año la Pasión y Muerte de Cristo. Las
cofradías intentan recuperar el tiempo perdido. En esto como
en otras tantas cosas, quizá no se ha estado a la altura de
las circunstancias y hemos vivido siempre de lo que nos han
legado sin aportar apenas nada nuevo y lo que es peor sin
conservar las valiosas tradiciones que cada época ha ido
depositando. Hoy día cuando se ha cuestionado desde algunos
sectores el sentido de esta manifestación religiosa y
popular, es sin embargo cuando estos desfiles procesionales
han ido adquiriendo una dimensión cultural e incluso
turística. Son numerosas las voces que se preguntan si la
Semana Santa de Benavente se haya en consonancia con la
categoría e importancia que tiene esta ciudad en el contexto
provincial y regional, donde esta manifestación religiosa
alcanza una raigambre y categoría reconocida. Por
fin y después de muchos años y numerosos intentos, se da un
decisivo paso, al constituirse la Junta Pro-Semana Santa, que
intentará revitalizar todo lo concerniente a estas
celebraciones. Entre los diversos aspectos del fenómeno
semanasantero en Benavente, habría que abordar temas como el
de las cofradías, imaginería, ritos, cultos, tradiciones,
evolución histórica; para obtener una visión lo más
aproximada posible de esta manifestación de religiosidad
popular que en nuestro tiempo ha adquirido nuevas dimensione 
El
origen de las celebraciones de éstas manifestaciones debemos
buscarlo en la Edad Media. El ritual medieval estaba
caracterizado por la sobriedad e intimismo de sus
manifestaciones, influenciadas sin duda por el espíritu
monacal que se vivía en la época. En la predicación y
difusión de las devociones de la Pasión van a destacar los
órdenes mendicantes, especialmente los Franciscanos asentados
en la villa desde el siglo XIII, que difunden las devociones y
el culto a la Pasión de Cristo, a ellos se debe pues la
fundación de las primeras cofradías penitenciales. En un
primer momento el culto a la Pasión está circunscrito a los
templos, por ello la importancia que tienen en origen los
sermones dentro del ritual de la Semana Santa. En el siglo XIV
se produce una cierta renovación religiosa y el desarrollo de
las cofradías irá unido a la necesidad de manifestar
externamente las creencias religiosas. Las cofradías de la
Pasión o de Semana santa viene a ser las instituciones que
canalizan la religiosidad popular cristiana, en forma de
desfiles procesionales que suponen una puesta en escena de la
humanización de lo divino y provocando la emotividad de las
gentes sencillas. Son una representación del drama en que
Cristo conduce a los hombres hacia la salvación y en la que
el dolor y muerte se hacen casi palpables.
Entre
las hermandades que desde antiguo existieron en Benavente,
merecen citarse especialmente las llamadas Penitenciales,
ordenadas para el culto de la Pasión del Señor. Entre ellas
la cofradía de la Cruz o Veracruz, que en lo antiguo hacía
su función con disciplinantes el Jueves Santo, y en la que no
podían tener oficio los plebeyos. En los siglos XV y XVI,
surge la necesidad de ofrecer al pueblo una visión sencilla
de la religión, acercando al vulgo las esferas de lo divino y
lo humano, facilitando así la comprensión de los misterios
de la Fe. Se hace también sublimación del dolor y la
penitencia como medida de salvación.
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Izquierda.
En el amanecer del Viernes Santo tiene lugar la Procesión de
Jesús Nazareno con la tradicional ceremonia del Encuentro. Derecha.
En estos días es fácil encontrarse con alguna procesión por
nuestras calles, pues por unos días estamos en la encrucijada de
un momento en que toca rezar y acompañar a Cristos y Dolorosas. |
Así,
la Cofradía de la Veracruz tiene sus antecedentes en el culto
a la advocación de la Cruz, siendo sus funciones principales
la invención y exaltación de la Cruz, que se celebraban en
mayo y septiembre. Otra de sus funciones era la conmemoración
del Jueves Santo con una procesión de disciplina, lo cual
esta suficientemente documentado desde 1602. Tuvo su sede
inicialmente en el lugar que hoy ocupa el Hospital de la
Piedad, donde estaba situada la denominada iglesia o ermita de
Santa Cruz, hasta que en 1516 es demolida para edificar el
mencionado hospital. A mediados del siglo XVII la encontramos
establecida en el vecino convento de San Francisco, hasta que
en 1679 se construye la denominada ermita de la Veracruz o de
la Soledad. La cofradía recibía anualmente un situado de mil
maravedís "por poner un hermano cofrade a las puertas
del Hospital de la Piedad durante la procesión de disciplina
de Jueves santo; a fin de que pida se rece por la salud
pública de la villa". Esta costumbre perduró durante
varios siglos. En la segunda mitad del siglo XVII, poseía la
cofradía un saneado patrimonio que le permite pues edificar
la nueva ermita. En el siglo XVIII disfrutaba de importantes
rentas, como varias tierras en el término de San Cristóbal
de Entreviñas y en el cercado de Luengo, numerosos foros y
censos sobre terrenos inmuebles. Otra
cofradía era la del Santo Entierro que acompaña la
procesión en que la Iglesia recuerda esta Santa Ceremonia, y
pudo tener originalmente una vinculación con el gremio
textil, muy importante antiguamente en la villa. Celebraba el
Viernes Santo con una solemne función y sermón llamado
"del Descendimiento" que se celebraba en la Iglesia
de Santa María del Azogue, y una vez finalizado se iniciaba
la procesión. Así en 1781 se indica que: "en la tarde
de ayer, Viernes Santo se celebró el Sermón del
Descendimiento cuya función hace la cofradía del Santo
Entierro de Cristo en la parroquial de Santa María del
Azogue de esta villa según antigua costumbre...", lo
cual nos da idea de lo arraigada que se encontraba ya esta
celebración a la cual debían acudir los miembros del
Regimiento ocupando lugar preferente. A finales del siglo
XVIII (1788) se señala que "la Cofradía del Santo
Entierro de Cristo, sita en la Iglesia de Santa María del
Azogue, la mayor de esta villa...", poseía varias casas
en la parroquia de San Juan del Reloj, concretamente en la
calle Pocico y otra propiedad en la calle Carbajés. La
Cofradía de Jesús Nazareno en la que los hermanos, visitando
al Salvador del mundo le acompañan al encuentro y le siguen
al Calvario con los pies desnudos y la cruz a cuestas. El fin
primordial de la cofradía de Jesús Nazareno era hacer una
procesión el Viernes Santo de amanecida, imitando los pasos
dados por Jesucristo en su Pasión, los cofrades vestidos de
nazarenos y cargados con una cruz a cuestas y los pies
desnudos guiaban sus pasos hasta el Calvario haciendo oración
en cada una de sus estaciones. Esta procesión y sus imágenes
suscitó una gran devoción entre el pueblo. Ya en 1737 era
habitual sacar esta imagen en las rogativas públicas:
"haciendo procesión general sacando la devota imagen de
Jesús Nazareno al Convento de San Francisco, donde se ponga a
su Majestad novenas...". El origen de esta cofradía
podría encontrarse en una Hermandad fundada en 1604 y
denominada Dulce Nombre de Jesús, tenía ésta su sede en el
Convento de Santo Domingo, y su capilla pasó a recibir el
nombre de Capilla del Nazareno. Posteriormente en el siglo
XVIII aparece vinculada a la Iglesia de Santa María y
establecida en la capilla que se denominará "Capilla de
Jesús". De la imagen del Nazareno que en ella se venera
escribió el ilustre Madoz: "es la imagen del redentor
con la cruz a cuestas, esculpido con tal perfección, que
parece tenga vida..." 
Las
desamortizaciones eclesiásticas, las crisis económicas, el
endeudamiento progresivo de las cofradías e indisciplinas,
ocasionaron una considerable decadencia de las mismas a fines
del siglo XVIII, hecho que se agrava a raíz de la invasión
francesa, ya que ocasiona la destrucción de gran parte de su
patrimonio tanto económico como artístico. La subsiguiente
crisis de la sociedad castellana a comienzos del siglo XIX, y
las dificultades de recuperación económica, sobre todo en
Benavente que fue especialmente castigada por las guerras
napoleónicas, y donde sufrieron notablemente los edificios y
construcciones religiosas dificultaron las disponibilidades
económicas de las cofradías para tender los gastos
ordinarios: procesiones, entierros, sufragios, reconstrucción
de edificios, obras de fábrica, etc. Sin embargo sí se
produjeron intentos de renovación de la imaginería propia de
la Semana Santa, a raíz de la destrucción de gran parte de
las mismas por la soldadesca napoleónica. A mediados de siglo
XIX un nuevo golpe viene a frenar el proceso de recuperación
iniciado, es la supresión del sistema de administración
hacendística local, llamada "de los propios" que
acaba con un significativo grupo o estamento administrativo,
que era en buena parte el benefactor e impulsador de las
cofradías. A parte de esto, ya desde los primeros tercios de
siglo XIX el avance de las nuevas ideas contrarios a todo lo
vinculado al antiguo régimen no favorecieron este tipo de
manifestaciones religiosas, las convulsiones políticas y
sociales de aquel siglo enfriaron sin duda la participación
en los mismos.
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Izquierda.
Todo esta apunto para representar nuevamente un guión escrito
hace dos mil años, que aunque de sobra conocido sigue
conmoviéndonos. Derecha. Imágenes de Dolorosas atravesadas por
simbólicos puñales y Nazarenos que arrastran todo el dolor del
mundo recorren en estos días nuestras calles. |
A
fines del XIX, la recuperación económica y demográfica, el
establecimiento de una escasa aunque significativa burguesía
rentista, industrial y comercial en Benavente junto con la
labor desarrollada por la Vicaría de San Millán y el clero
en general, permitirá el inicio de una lenta recuperación de
la Semana Santa, lo cual será más patente en algunos
momentos. Así es finales de los años veinte cuando al abrigo
del dinamismo comercial se produce un impulso decisivo, se
renueva la imaginería procesional, se confeccionan los
primeros programas, y la Semana Santa se dota con una
organización más efectiva. Se
produce también una revitalización de la Semana Santa y de
las cofradías en la postguerra, en 1943 se construye la
Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud, conocida como
"el silencio", que da culto a una imagen del siglo
XVI, venerada desde antiguo y de la que existen numerosos
testimonios del gran fervor que despertó desde siempre entre
los benaventanos. Rescata esta cofradía los valores
tradicionales de austeridad y recogimiento. Vino a alterar en
cierta manera el desarrollo secuencial hasta entonces habitual
en la Semana Santa al incorporar a un crucificado en su
procesión y celebrase esta el miércoles, ya que hasta
entonces los desfiles se centraban en el Jueves y Viernes
Santo. No es cierto que esta cofradía fuera constituida
inicialmente por excombatientes como equivocadamente se ha
dicho, sino que fueron miembros fundadores algunos de ellos.
En cuanto a sus peculiaridades destaca además del fomento de
la veneración al Santísimo Cristo de la Salud, la
celebración de un Triduo y Novenario en su honor, que el
último día se aplica a los hermanos difuntos. 
Durante
los años cincuenta y sesenta se elaboraron programas impresos
sobre la Semana Santa. Incluían estos además del consabido
"pregón semanasantero" la obligada relación de
procesiones y cultos a celebrar. Unos cuantos artículos, obra
de los presbíteros y cofrades, que se recreaban emotivamente
en las escenas de la Pasión o hacían profundas meditaciones
sobre la celebración. Recogían también a modo de
ilustración diversos motivos religiosos y artísticos de la
localidad. Como
prólogo de la Semana Santa era frecuente que se realizasen
conferencias cuaresmales. El domingo de Pasión o de Lázaro,
las iglesias aparecían con la mayoría de las imágenes
cubiertas con paños oscuros, como anuncio premonitorio de que
la Semana Santa era inminente. Ya en el domingo de Ramos se
realizaba la procesión de las Palmas a la que concurría el
clero de las tres parroquias con sus cruces y los niños de
sus catequesis con ramos y palmas. Desde la ermita de La
Soledad salían procesionalmente acompañando a Jesús en su
entrada en Jerusalén, popularmente llamada "la
borriquita", encaminándose hacia la parroquia de Santa
María la Mayor, donde se celebraba Misa Solemne con Sermón.
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Izquierda.
El sonido de las trompetas y los tambores que acompañan a las
imágenes y pasos marcan el compás característico de la Semana
Santa. Derecha. En la mañana del Domingo de Resurrección tiene
lugar la procesión del Encuentro de la Santísima Virgen con
Cristo Resucitado. |
El
lunes se iniciaba el Triduo al Santísimo Cristo de la Salud.
El martes tenía lugar la Procesión de las Angustias, hoy
consistente en una simple subida de pasos desde La Soledad
hasta la Plaza Mayor, para posteriormente distribuirse por las
parroquias, pero no hace muchos años al concentrarse las
imágenes se efectuaba la ceremonia de "las
reverencias", consistente en reverenciarse mutuamente las
imágenes. A continuación y una vez distribuidas éstas en
sus parroquiales, en el templo de San Juan a la llegada del
grueso de la procesión se rezaba la llamada "Corona
Franciscana", que recuerda cada uno de los dolores de la
Virgen dando el párroco a continuación la absolución
general de los presentes. El Miércoles Santo se realizaba el
Rezo de Maitines (vulgo las Tinieblas) cantadas a coro por el
Clero. En la Procesión era especialmente emotiva la ceremonia
del Juramento del Silencio que tenía lugar en el atrio de la
desaparecida Iglesia de Santa María de Renueva. En un bello
marco de aire medieval, se tomaba juramento a los Hermanos de
la Cofradía, que al igual que hoy se comprometían a no decir
palabra alguna durante la Procesión. Era sobrecogedor el
desfilar por algunas de las angostas y oscuras calles del
Benavente de entonces. Lo cual venía acentuado por la
especial devoción que suscita esta imagen. A inicios de los
años cincuenta se incorpora a ésta Procesión el Jesús
Flagelado, obra del escultor Coomonte. Entre los actos del
Jueves Santo, los cuales se concentraban en el templo de San
Juan del Mercado, es de destacar la piadosa ceremonia del
Lavatorio y Sermón del Mandato, que tenía lugar en las
primeras horas de la tarde. Posteriormente se celebraba la
solemne Hora Santa, pronunciada por algún afamado orador o
dignatario de la Iglesia. Acto seguido tenía lugar la
Adoración de la Santa Cruz por las cofradías ante un hermoso
crucifijo del siglo XIII. Previamente el vicario de San
Millán entregaba la cédula o papeleta acreditativa de haber
comulgado los individuos que formaban las cofradías de la
Santa Cruz y Santo Entierro. Seguidamente tenía lugar la
consabida procesión de la que destacamos el sayón que con
túnica negra y tambor anunciaba al pueblo el paso de Cristo
al calvario. También eran obligadas las banderas y
estandartes representando al mundo. Al
alba del Viernes Santo tenía lugar la procesión de Jesús
Nazareno que en realidad consistía en dos procesiones que
partiendo de Santa María del Azogue se dirigían hacia la
filial de San Nicolás, donde tenía lugar la ceremonia del
encuentro y consiguiente sermón. Al medio día tenía lugar
la llamada Procesión de Penitencia durante la que se rezaba
el Vía-Crucis y a su llegada tenía lugar el piadoso
ejercicio de las Siete Palabras. Al anochecer tenía lugar la
Procesión del Santo Entierro precedida por el Sermón de los
Dolores de Nuestra Madre, durante la cual se celebraba el
canto litúrgico del "Miserere", que sonaba en el
silencio de la noche en evocación de la Santa Tragedia. A
mediados de los años cincuenta se intentó establecer una
procesión del Sábado Santo que no llegó a afianzarse. Ya en
el Domingo de Resurrección y a medio día, acompañada por
los niños de las catequesis de las parroquias y
representaciones de las cofradías se formaba procesión
acompañando a la Madre de Dios y a la Santa Urna sin el
cuerpo de Cristo y llena de flores y guirnaldas, hasta la
Plaza Mayor donde se verificaba el encuentro con su Hijo
Resucitado. Entonando la Banda de Música la Marcha Real y
disparándose multitud de bombas y voladores. Desde uno de los
balcones del Ayuntamiento, el orador cuaresmero, pronunciaba
el Sermón de Pascua de Resurrección, dándose por terminados
los actos religiosos de Semana Santa.
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Izquierda.
En estos días, como cada primavera el drama de la Pasión desfila
por nuestras calles reflejándose también en lo cotidiano. Derecha.
La imagen de la Santísima Virgen de la Soledad, saliendo del
templo de Santa María del Azogue a mediados de los años
cincuenta. |
Aunque
algunas de estas ceremonias y tradiciones ya no se efectúan o
se han adaptado al compás de los tiempos. Como siempre, como
cada Semana Santa, hoy rezando y quizá mañana cantando, pues
están próximas las fiestas patronales de La Veguilla,
Benavente sigue su camino fiel a su destino. Por unos días se
halla en la encrucijada de un momento en el que toca rezar y
acompañar por sus calles a un Cristo que pronto, como cada
primavera, retornará triunfante. Resurrexit.
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JUAN CARLOS DE LA MATA
es miembro de la Junta Pro-Semana Santa de Benavente en la que
tiene el cargo de Historiador. De las fotografías de CLAUDIO F. DE LA CAL
podemos disfrutar en nuestra
Galería
Fotográfica en un trabajo de 1996. |
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