APUNTES HISTÓRICOS SOBRE EL PASO DE "LA DESNUDEZ"
José
- Andrés Casquero Fernández
Edita: Cofradía de Jesús Nazareno (vulgo Congregación) de Zamora

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Cuando la Cofradía de Jesús Nazareno se fundó tan sólo contaba con dos imágenes de devoción: su titular Jesús Nazareno y Nuestra Sra. de la Soledad. Un año después de celebrar su primera procesión, en 1653, se incorporó a la carrera la figura de La Verónica. En 1668 y 1669 el número de insignias se incrementó, primero con el paso de La Desnudez vulgo Redopelo - traer al redopelo a uno, según el  Diccionario de la Real Academia, es frase figurada y familiar que significa ajarlo atropellándolo y tratándolo con desprecio y vilipendio - y después con el de la Crucifixión. 
 
 

El paso del Redopelo se mandó hacer en 1668 a propuesta del mayordomo D. Bernardo de Sequeira argumentando haber muchos cofrades (más de cuatrocientos cincuenta) para tan pocos pasos. Aceptada la propuesta se comisionó a D. Alonso de Arévalo para que tratase con los maestros escultores que por entonces tallaban otro para la Cofradía de Nazarenos de La Bañeza (León). El encargó se hizo al escultor  Manuel de Borja, por entonces vecino de La Bañeza. Los pocos datos que tenemos de este artista nos impiden afirmar si se trata del mismo Manuel de Borja, natural de Sigüenza, que en 1655 contrató con la Cofradía de la Pasión de Medina de Rioseco el grupo Preparativos para la Crucifixión, conocido también como Redopelo. Por desgracia en el archivo de la cofradía no existe copia de la escritura de concierto entre las partes, ni tampoco figura en los registros notariales que hoy se conservan de la ciudad de Zamora. 

Un año después, esta vez sin mediar acuerdo, la cofradía encargó al susodicho Manuel de Borja y a Toribio González (pintor) la hechura de otra escena que representase a Cristo en el momento de ser clavado en la cruz. Esta escena fue sustituida por la actual, obra de Ramón Álvarez, estrenada en 1885. 

Aunque no conservamos la escritura del antiguo paso del Redopelo cabe suponer que las condiciones serían similares a las acordadas en la hechura de La Crucifixión. Para su ejecución el artista se serviría de una estampa; el número de figuras quedaría reducido a tres, y es muy posible que por ser precisamente tres se conviniese que su peso no superase las ocho arrobas y media (en torno a 100 kilos), así como entregarlo en un plazo corto (en la Crucifixión fueron cinco semanas). Más difícil es aventurar el coste final, que para La Crucifixión fue de 1.200 reales, más la entrega de los materiales (vigas y tornillos); pero probablemente el precio no se alejaría de esta cantidad. 

Por lo que conocemos de este paso, hoy propiedad de la Cofradía del Santo Entierro de Benavente, hay que decir que sigue la línea de la escultura barroca castellana, si bien los reparos e intervenciones habidos en tres siglos lo han modificado, hasta el punto que la escena original está extrañamente mudada y apenas es reconocible. Estas modificaciones han alterado al menos la colocación del sayón que de pie amenaza con un zurriago - recientemente añadido - cuando su actitud debió ser la de arrancar la túnica a Jesús, que paradójicamente está desnudo; además es probable que su actual colocación no fuese la primitiva. La figura de Jesús sin duda no es la original, antes bien es obra que ha de atribuirse con certeza a Ramón Álvarez; así lo confirma la dulzura de sus rasgos y su mezquina anatomía, no obstante la esmerada talla de la cabeza, que estimo es una de las mejores de su producción. Sus blandas formas contrastan sobremanera con la dureza de facciones de los sayones. La única imagen que conserva la disposición original es el sayón que agachado barrena la cruz sujetando con los dientes un clavo, por lo que es conocido popularmente como el judío del clavo. Por lo demás las imágenes, de fractura modesta, poco menos que artesanal, tienen una altura media de 1,62 mts. y lucen en todo su esplendor tras su reciente restauración, llevada a cabo por el pintor José-Carlos Guerra, que ha permitido recuperar su policromía original. 

Cuando en 1a segunda mitad del siglo XIX la Congregación emprende la labor de incrementar y mejorar su patrimonio imaginero, no duda en deshacerse de los viejos pasos, cuya estética se alejaba de los gustos y sensibilidades de la época. Los nuevos encargos causaron un gran impacto estético y devocional; pensemos en La Caída, en La Crucifixión y obviamente en la Virgen de la Soledad. 

La idea de reformar los viejos pasos de Jesús Nazareno y Redopelo partió de D. Federico Martínez en la primavera de 1892. La comisión a la que se encomendó este asunto se dirigió a los escultores Eduardo Borrón y Aurelio de la Iglesia por si deseaban encargarse de la ejecución artística del paso de Redopelo. Declinó el segundo, becado por entonces en Roma, la invitación por estar ocupado; Barrón contestó aceptando agradecido, pero una vez se le comunicó la cantidad de la que disponía la Cofradía, unas tres mil pesetas, manifestó no poderlo hacer, pues consideraba que el valor de la cinco figuras propuestas no bajaría de las siete mil quinientas pesetas. Esta situación fue largamente discutida por la directiva, proponiéndose ante la falta de dinero para afrontar la reforma de los dos pasos soluciones de todo tipo: algunos opinaban debía comenzarse por el Redopelo por llamar más la atención la antigüedad y ridiculez de sus figuras. Sin unanimidad sobre el particular se acordó solicitar nuevos presupuestos en Madrid y Barcelona, y continuar con la suscripción. Pese a ello la Cofradía se inclinó primero por la construcción del nuevo paso de Jesús Nazareno que en 1893 entregaba el escultor local Justo Fernández. 

Concluido este proyecto parecía lógico se continuase con la vieja aspiración de reformar el antiguo paso del Redopelo. Para este trabajo se ofreció el joven Miguel Torija, por entonces artista novel formado en el taller de Ramón Álvarez. Así se lo hacía saber a la Cofradía en mayo de 1893, si bien su ofrecimiento no obtuvo respuesta. En junta de 11 de noviembre de aquel año se daba cuenta de la entrega por parte de algunos hermanos de ochocientas treinta y ocho pesetas producto de una corrida de toros para construir el paso, aunque da la sensación que el proyecto se miraba con una cierta apatía. De nuevo en 1898 se insiste en que el paso de Redopelo aparte de lo antiguo y malo que era, producía la irrisión de las gentes y descomponía el conjunto de la procesión por lo que urgía retirarlo. Además el administrador informaba que uno de sus sayones estaba roto y la mesa toda estropeada e inservible, de modo que se necesitarían unas doscientas pesetas para que saliera. Discutido sobre el particular se acordó que aquel año no saliese. 

En octubre de 1900 se retomó el asunto de la construcción de este paso, cuya suscripción seguía paralizada. Los donativos de estos años fueron para el adorno del Jesús, y no hay que olvidar que este mismo año la Junta de Fomento de la Semana Santa donó el paso de la Elevación de la Cruz realizado por Aurelio la Iglesia. Efectivamente, en la junta de 21 de octubre se pedía al administrador informase de las gestiones hechas para la reforma del paso del Redopelo. Según éste los contactos con artistas de Madrid no habían dado resultado, si bien esperaba respuesta del escultor bilbaíno encargado de hacer el paso de la Conducción al Sepulcro para la Cofradía del Santo Entierro, al que le había pedido boceto y presupuesto. En sesión extraordinaria la junta conocía el día 29 mediante una fotografía remitida por José María Garrós el boceto del paso, que incluía tres sayones, la figura de Jesús y el terrazo, así como su coste: dos mil pesetas. El escultor hacía la salvedad que de aprovecharse el Jesús del viejo, con su arreglo, el precio no variaría. En esta junta salieron a relucir algunas diferencias entre los directivos, en las que latía un cierto malestar por el retraso de la reforma, y que dieron lugar a la dimisión del administrador. Aceptada ésta, la junta nombró una nueva comisión encargada de formalizar el contrato con el escultor a fin de que estuviese construido para la Semana Santa de 1901.

 

En los primeros días de noviembre la comisión recibió noticias de José María Garrós y acordó las condiciones para la hechura de la obra: el nuevo paso tendría cuatro figuras, tres sayones y Jesús; el precio de las imágenes y el terrazo se fijaba en dos mil pesetas; la obra sería entregada el domingo de Lázaro próximo, y debía sujetarse al boceto presentado con las pequeñas variaciones que la comisión le ha indicado. Por último, encargaba al mayordomo antiguo Sr. Rodríguez Barba redactase las bases del contrato, bases que la comisión aprobaba el 15 de noviembre junto con la entrega de mil pesetas al escultor, como anticipo del primer plazo. El 19 de noviembre el secretario hacía constar en el libro de actas haber recibido el contrato firmado por el Sr. Garrós y una carta aviso de giro de mil pesetas.

 

En el mes de marzo de 1901 la comisión informaba del presupuesto de la nueva mesa del paso presentado por el carpintero Sr. Seisdedos, cuya cantidad ascendía a 150 pesetas; precio que pareció caro pero que se aceptó en atención a las sacrificios que este hermano había hecho por la Cofradía. Días después se informaba de todo a la directiva que aprobaba por unanimidad la gestión de la comisión y autorizaba pintar la nueva mesa y encargar las faldillas. 

El nuevo paso de La Desnudez salía por primera vez el 5 de abril, viernes santo, de 1901. La directiva reunida en junta de faltas a la procesión aprobaba el 14 de abril su recepción definitiva. No sabemos si con la entrega del grupo se abonó el importe del segundo plazo, ya que en el mes de mayo aún se documentan suscripciones para el pago del mismo. Un año después, en marzo de 1902, la directiva aprobaba la venta del paso antiguo del Redopelo a la Cofradía del Santo Entierro de Benavente por doscientas pesetas. 

El grupo de La Desnudez es sin duda uno de los más modestos de la Cofradía de Jesús Nazareno. Representa el momento en el que Nuestro Señor es despojado de sus vestiduras antes de ser clavado en la cruz. Forman la escena cuatro imágenes: Jesús, de pie, con las manos atadas y en actitud mansa, tiene a su lado a dos sayones que proceden a quitarle la túnica; un tercero agachado se ocupa de los preparativos de la crucifixión barrenando la cruz. En la mesa hay varios objetos: una cruz de madera de 2,88x1,53 mts., un cesto de mimbre con herramientas (serrucho, martillo y maza), un ánfora y vaso de madera, una soga, un pico y un estandarte de terciopelo rojo rematado con galón de oro con el acrónimo SPQR colgado de una alabarda. Todas la figuras fueron talladas en madera de pino; los ropajes se simulan en lino encolado, y llevan algunos elementos postizos (corona de espinas y correas de cuero). Las proporciones son algo mezquinas habida cuenta que la altura media no sobrepasa los 1,55 mts. El tratamiento escultórico de las imágenes es todo el excesivamente blando, muy en la línea y los gustos de la época, y recuerda la producción imaginera de los talleres de Olot. Los estudios anatómicos nada tienen de destacable, y las túnicas manifiestan un deficiente manejo de las telas encoladas. La caracterización de las figuras es dulzona, hasta el punto que no hay rasgos de maldad en los sayones. La composición es correcta, aunque estereotipada y sin concesiones. La policromía es asimismo la tradicional con escasos matices.

 

La calidad de este grupo se cuestionó varias veces. En 1951 el hermano Enrique Crespo Álvarez propuso construir uno nuevo, y retirar el paso de Garrós por desdecir de los restantes que forman la procesión. La propuesta se tomó en consideración, y en junta de 20 de febrero de 1952 se informó de la realización a iniciativa propia de maquetas por parte de los escultores Florentino Trapero y Víctor de los Ríos, si bien el elevado precio de su realización aconsejó diferir el asunto a la fecha que las posibilidades económicas lo permitan.

 

En 1966 se pensó nuevamente en sustituirlo. Así en mayo de 1967 se iniciaron los trámites con uno de los más afamados escultores españoles: Juan de Ávalos. El nuevo paso tendría también cuatro figuras y, aunque su agenda de trabajo estaba saturada, se comprometía a realizarlo para la Semana Santa próxima. Una vez más el paso no se pudo hacer ya que el coste final de la obra, cercano al millón y medio de pesetas, excedía con mucho las posibilidades económicas de la Cofradía.  

Para el grupo hizo una mesa nueva el carpintero Julián Seisdedos. Esta primera mesa era la típica de tableros de pino sin molduras, y con respiraderos de ojo de buey, que aún conservan en Benavente. Cuando en 1962 Alfonso Pastor Cadierno talló una nueva para el Camino del Calvario, la vieja de este grupo, una mesa de gradas con paños sencillos tallados y dorados, pasó a La Desnudez. No sería esta la única que heredó, pues la que tiene desde 1976, tallada en madera de nogal con labor de talla en los respiraderos, es la antigua de La Caída, estrenada en 1941 y de la que ignoramos su autor.


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HEMEROTECA

26 de febrero de 2001

La imagen de "El Judío del Clavo" retornó a Zamora para una exposición cien años después de su venta.

J.A.G.    Ayer la imagen de "El Judío del Clavo", perteneciente a las cofradías hermanadas de El Santo Entierro y La Santa Vera Cruz, viajó a Zamora para participar en una exposición organizada por la cofradía Jesús Nazareno, que cumple ahora su 350 aniversario. El cristo creado por Ramón Álvarez en 1868 y los sayones de Manuel de Borja (1668) estarán expuestos en la sala de muestras de la Diputación Provincial hasta el día 15 de marzo. Cien años después de que la cofradía zamorana Jesús Nazareno vendiera la imagen por dos mil pesetas a la benaventana del Santo Entierro, "El Judío del Clavo" vuelve a la ciudad en la que fue creada.