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SOCIEDADES
DE SOCORROS
MUTUOS EN BENAVENTE
JUAN CARLOS DE LA MATA GUERRA |
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En el último tercio del siglo XVIII
subsistían en Benavente al menos veintiséis cofradías, aunque tan sólo
unas pocas tenían un carácter gremial. Entre ellas San Antonio de Pádua
o de los labradores, San Miguel o de los hortelanos, San Crispín o de
los zapateros, etc. Alguna otra cuyos orígenes se remontaban a la Edad
Media ya para entonces había desaparecido o se había transformado o
refundido, tal era el caso de la Cofradía de Santa Marta o de los
curtidores.
La cofradía de San Crispín estaba vinculada a la parroquia de Santa
María, donde se conserva la imagen de su santo patrono. También se
guarda una imagen del santo en la parroquia de Santa Juan del Mercado,
lo cual da idea de lo extendido que estuvo este oficio en la Villa y la
importancia gremial que tuvo en el pasado. Los curtidores por su parte
mantuvieron también la devoción a San Crispín en la parroquial de
San Andrés. Por su parte la Cofradía de San Miguel o de los
Hortelanos tenía su sede en la parroquia homónima de San Miguel, próxima
a la calle y ronda del mismo nombre. Esta devoción y su imagen se
conservan actualmente en la iglesia del Carmen de Renueva. Otra
cofradía gremial era la de San Antonio de Pádua o de los labradores, que
antiguamente tenía su sede en la ya mencionada parroquia de San
Andrés. El callejero de Benavente guarda aún hoy
referencia a los oficios que se desempeñaban en algunas de sus calles y
plazas, aunque otras denominaciones desaparecieron o fueron sustituidas
a lo largo de los siglos y de la dilatada historia de la ciudad. Entre
las calles que dan cuenta todavía de esta vinculación gremial y
profesional se encuentran: Pelambre, Estameñas, Herreros, Aguadores,
Tejares, Lagares, Carros, Carnicerías, etc. También se constata en el
pasado la concentración de determinados oficios en algunos espacios o
barrios de la Villa. |
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San Crispín -
Patrón de los Zapateros |
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Santa María del Azogue |
San Juan del Mercado |
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Las antiguas cofradías gremiales muchas de ellas
de origen medieval se vieron afectadas por las desamortizaciones llevadas a cabo
durante las primeras décadas del siglo XIX, desapareciendo como tales. Su
función corporativa en defensa de los intereses gremiales y de
transmisión y control de los oficios dejaría de tener razón de ser o
sentido en la nueva sociedad liberal. En cambio los fines humanitarios y
sociales que habían caracterizado a estas cofradías gremiales se
quedaron sin apoyo económico. Ante el vacío que se produjo y la
necesidad de dotar a la sociedad de civil de cuerpos intermedios o
asociaciones que pudiesen articular la participación y solidaridad
ciudadana surgirían sociedades de signo mutualista y de previsión. Este
tipo de sociedades, al parecer, habían comenzado a surgir en otros
lugares del país durante la I República, si bien durante la etapa
republicana habían nacido al principio con signo marcadamente laicista.
Durante las últimas décadas del siglo XIX,
concretamente durante los años de la Restauración se fundarían en Benavente
varias de estas sociedades, merced a una nueva legislación asociativa más
permisiva que propiciaría la extensión estas nuevas sociedades profesionales
denominadas: Sociedades de Socorros Mutuos. Sin embargo en este momento esta
clase de sociedades tomarían un cariz distinto, entroncando con la tradición
gremial y reconvirtiendo en cierta forma a las antiquísimas y expoliadas
cofradías gremiales de los artesanos. Se puede decir que vinieron a suplir el
vacío dejado por los desaparecidos gremios en su vertiente social y de
colaboración o ayuda entre los socios. |
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Reglamentos de las Sociedades de Socorros Mutuos de Benavente y sus
respectivos Patronos |
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Gremio de los Zapateros |
Gremio de los Hortelanos |
Gremio de los Carpinteros |
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San Crispín - 25 de
Octubre |
San Miguel - 29 de
Septiembre |
San José - 19 de Marzo
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Las sociedades de socorros Mutuos hacían constar en sus
reglamentos su función social, como sociedades benéficas profesionales,
invocando a su patrono y señalando que sus fines eran principalmente ayudarse
mutuamente en sus necesidades y desgracias, así como socorrerse y asistirse en
las enfermedades y acompañarse en los entierros. Las sociedades de socorros
benaventanas establecían reglamentariamente que sus miembros debían observar
buena conducta moral y religiosa y tener un cierto número de años cumplidos para
su pertenencia, los cuales solían fijarse en ocho años. Ello sin duda para
procurar la vinculación gremial desde temprana edad, ya que los oficios se
solían trasmitir de padres a hijos y se entraba como aprendiz en los talleres
apenas siendo un muchacho. Entre sus obligaciones se fijaba la de velar a los
socios que enfermaren de gravedad y fuesen viaticados. Avisados los socios
designados para asistir a los enfermos debían personarse en casa del paciente
poniéndose a su disposición. En los funerales debían acompañar a los familiares
y deudos del socio u hermano difunto, asistiendo a las exequias y responsos,
encabezando el cortejo con las varas de la sociedad a la cual pertenecía el
finado. En Benavente se establecieron al menos tres de estas
sociedades, cada una mantuvo sus vínculos y devoción a sus patronos en una
parroquia distinta, donde se ofrecía culto o se conservaba la imagen de su santo
patrono y se respetaban con ello también la distribución y vínculos gremiales.
Se fundaron pues en Benavente y en pocos años tres de estas sociedades,
conservando su antigua vinculación gremial mediante la devoción a un santo o
patrono vinculado a su oficio. Como en el pasado, se colocaron todas bajo la
advocación de un santo, en torno a cuya devoción según la tradición había
aglutinado la vida gremial. |
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San Miguel
Santa María del Carmen de Renueva
Foto de Rafiki |
Festividad del Carmen - Años 50
La Sociedad de San Miguel procesiona a su patrón.
Uno de los
porteadores es Millán Ossorio (LLanico).
La foto ha sido cedida por su viuda Jacinta Rubio. |
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Las mencionadas sociedades en Benavente eran las siguientes:
la de San Crispín, fundada en 1880, la de San Miguel, fundada en 1883 y la de
San José o de los carpinteros, fundada también ese mismo año, y cuyo santo
patrón en Benavente siempre estuvo vinculado en el pasado a la parroquia de San
Nicolás. En ella tenía su capilla y retablo, él cual actualmente se encuentra en
la iglesia de Santa María del Azogue. En 1890 contaba ya con unos ciento ochenta
asociados, lo cual era un número considerable. Ese mismo año ante la necesidad
de un local para celebrar sus reuniones y custodiar sus efectos, solicitan un
terreno en la Mota Alta, con esquina la ronda que se dirige a los Carros,
concretamente “detrás de las casas de algunos alfareros”. En compensación se
comprometan a pagar anualmente una módica cantidad a modo de foro. Ya avanzado
el siglo XX se instituiría también la Sociedad de Socorros Mutuos de La Virgen
de la Vega. Ello al abrigo de la revitalización de este tipo de sociedades en la
década de los cuarenta del pasado siglo y en homenaje a la devoción a la Patrona
de la ciudad. Con ello se posibilitaba también la participación en estas
sociedades a todos aquellos que no perteneciesen a alguno de los gremios
anteriormente mencionados.
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Retablo e imagen de San José con el Niño Jesús
en la Iglesia de Santa María del Azogue |
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A fines del siglo XIX, cuando habían transcurrido
tan sólo cerca de dos décadas desde la fundación de este tipo de sociedades, era
cuestionado su funcionamiento desde algunos círculos liberales y progresistas de
la localidad. Así desde las páginas del semanario local La Mota, allá por
el año 1898, se suscitaba una polémica sobre el funcionamiento y desarrollo de
las mismas. En el polo opuesto a esta publicación, su rival en la prensa local
el semanario benaventano El Áncora, de marchamo católico y
tradicionalista, se erigía en cambio en defensor de los usos y costumbres de
estas sociedades, a la vez que animaba a la creación en Benavente de un
Círculo Obrero Católico. Muy contraria era la postura adoptada por el semanario
dominical La Mota, para quien algunas de estas asociaciones
habían reducido su papel al de comparsas o agentes pasivos, ya que tan sólo
ofrecían a sus socios la posibilidad de un entierro de pompa y boato. A decir
del semanario liberal, éstas se habían apartado del espíritu fundacional laico y
eminentemente social, por ello “La Mota ha visto con dolor como estas
sociedades se aferran a un predominante idea, tanto que ha ingresado muchos
socios por la exclusividad del entierro”.
Con el paso de los años estas sociedades fueron a
menos tanto en participación y numero de socios como en los aspectos económicos.
Hace algunos años con motivo de las reformas fiscales tuvieron que modificar sus
estatutos ante la nueva normativa que regulaba las asociaciones mutualistas,
ya que en cierta forma eran consideradas a efectos fiscalizadores como
sociedades o mutualidades laborales. Algunas de ellas han tenido que optar ante
sus dificultades y la inminente amenaza de desaparición por reconvertirse en
asociaciones de carácter cultural y benéfico. Esperemos que en el futuro
encuentren la forma de vigorizar y ampliar sus fines para que sigan siendo un
referente como en el pasado de la vida social de Benavente. |
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