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PANORÁMICA
DEL VIEJO
BENAVENTE
JUAN CARLOS DE LA MATA GUERRA |
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Benavente en la década de 1925
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Esta vista panorámica de Benavente desde la vega del Esla
permite contemplar prácticamente en su integridad una perspectiva de la
villa por su lado Este o del naciente. La fotografía fue tomada desde la
llanura de Los Salados y a una suficiente distancia con el fin de
recoger una visión lo más completa posible del casco urbano de
Benavente, en una época en que el caserío de la población se
circunscribía todavía solamente a la loma sobre la que tradicionalmente
se asentaba su casco antiguo, en otro tiempo delimitado por una gran
cerca o muralla. Cuando se realiza la instantánea aún no existían apenas
construcciones en la parte baja de la villa y en la extensa vega que se
abre hasta el curso del río Esla, es decir; que impidiesen o
dificultasen dicha amplia y espléndida visión. No existen tampoco
edificios de gran altura que dificulten la visión del caserío que se
asoma y desparrama por las faldas de la loma o elevación sobre la que
ésta se asienta. Las torres y agujas de los templos y conventos
benaventanos descollan todavía en altura sobre el resto de
edificaciones. Todo ello contribuye a ofrecer una imagen armónica de la
entonces villa en cuanto a sus construcciones.
El Benavente plasmado en la instantánea es todavía una
población de unas cinco mil setecientas almas y que permanece durante
décadas aún a camino entre lo rural y lo urbano. Una villa que conserva
aún su fisonomía tradicional fraguada por sus habitantes durante muchas
generaciones, siglos en los que se fue dando forma y configurando el
peculiar trazado y singularidad, muy acorde con sus necesidades
particulares y formas de vida del pasado. Hay que tener presente que el
hombre en la medida que desarrolla su vida está en contacto con la
historia, la cual le condiciona e influye, es decir, se mezcla con la
tierra y con la obra del propio hombre.
La fotografía viene a ser un espejo donde mirar cómo han
vivido nuestros predecesores y nos permite observar la impronta
arquitectónica en su progresivo modelado del espacio urbano, sobre todo
porque refleja nuestra personalidad como grupo humano. Esta estampa del
viejo Benavente no sufriría en lo fundamental grandes alteraciones a lo
largo de su dilatada existencia hasta la llegada de un desarrollismo a
veces mal entendido, fenómeno que desde las últimas décadas del siglo XX
transformaría de pleno e irremisiblemente para siempre su urbanismo y
edificaciones. Los intereses económicos serían privilegiados desde
entonces en nuestra localidad frente a otros de índole cultural y
medioambiental. El desprecio y desinterés por el legado histórico
arquitectónico, junto con la demolición de edificios históricos y de
carácter tradicional, así como las alteraciones en el urbanismo, como es
el caso del crecimiento anárquico en alturas de las edificaciones,
abrirían el camino hacia su transformación en una ciudad más impersonal.
Siendo así que el necesario progreso en el urbanismo local y renovación
de las edificaciones no se ha sabido en Benavente siempre conjugar con
el conservacionismo y respeto a la tradición constructiva y del
patrimonio cultural de la localidad. |
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Los últimos restos de la vieja fortaleza se alzan sobre
de la Mota. En el ángulo izquierdo de la imagen se distingue desmochado
o desvencijado el Torreón del Caracol. Como se puede comprobar cuando se
realizó esta instantánea habían prácticamente desaparecido en su
totalidad los vestigios de las construcciones que formaban parte de este
alcázar-fortaleza. Tan sólo se conservaba ya, a parte del mencionado
torreón, las estructuras de lo que seguramente fuera torre el homenaje,
reutilizada por entonces como depósito municipal del agua. Sobre el
edificio se llega a distinguir una especie de baranda que corona su
azotea, cuando aún no ha sido sustituida por el depósito construido a la
entrada del parque por el arquitecto Santiago Madrigal, lo cual nos
sirve para intentar datar la fotografía.
La imagen deja ver la meseta terrera de aspecto desolado
y sin vegetación alguna en sus cuestos o barranqueras, ya que aún no se
ha ajardinado la totalidad del parque de la Mota. Sobre la meseta los
árboles alineados de los paseos se abren camino, si bien no se
distinguen aún los jardines de la Rosaleda, ni menos aún el llamado
Parque del Trabajo, y que ocupará la parte baja de la Mota en dirección
al tramo final de la Calle de los Carros. A sus pies se extiende parte
del caserío de los barrios de Santa Clara y de San Andrés, en las que
predominan las viviendas humildes de planta baja de labradores,
hortelanos y algunos oficios artesanales. Entre la masa de tejados y
fachadas sobresale, alta y enhiesta, la torre escalonada de la iglesia
de San Andrés, de la cual se aprecia en la imagen el chapitel que corona
su cubierta, además de la traza de sus naves y de las capillas adosadas
al templo, éstas con sus tejados a diferentes niveles.
En primer plano resalta el arbolado y vegetación de los
márgenes del canal del Esla. Entre el grupo de edificios próximos al
cauce se distinguen apenas algunos, como el de la llamada Serrería de
Santa Sofía, que ocupaba una de la esquinas de la carretera de Los
Salados. No se advierte en la imagen el edificio del Matadero del
Ferial, proyectado en 1915, pues queda fuera del encuadre de la
fotografía. |
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En un plano superior, en la ladera de la Mota se distinguen
algunas modestas viviendas de planta baja, qué aunque no por su entidad o
altura, pero sí por la elevación de la calle Fortaleza en que se encuentran,
dominan sobre la masa ingente de edificaciones. Una de estas viviendas destaca
en la imagen por tener su fachada totalmente enjalbegada o blanqueada, lo que
cual viene a romper la monotonía terrera. Sobre la meseta de la Mota despuntan
algunas casonas, tipo palacete, pertenecientes a la nobleza y burguesía
benaventana, como la Casa del conde de la Bisbal (1909) y la de Vaillant
Tordesillas, marqués de Yarayabo (esquina a la Calle Fortaleza y que conocemos
actualmente como Casa de los Traperos). En la antigua Calle de la Mota
Alta, actualmente del Doctor Castro, se distinguen o sobresalen en altura otra
serie de edificios que aportaban a la calle cierto aire de boulevard o
calle de paseo. Al fondo se aprecia sobre manera la Casa de Soledad González,
con su amplia y privilegiada azotea, sobre la que se alza, todavía a mayor
altura un pequeño mirador su observatorio.
En planos inferiores se desparraman ladera abajo las casas
abigarradas de las antiguas colaciones parroquiales de San Juan del Reloj o de
los Caballeros y de Santa María de Renueva. Apenas se distingue el alineamiento
y trazado entre el entramado de casas y calles. Así se escalonan en la imagen
algunos edificios situados en las calles empinadas que descienden ladera abajo,
desparramándose por esta parte de la villa. En estas colaciones o parroquias se
asientan muchas de las viejas calles gremiales y de labranza, de las cuales se
parecían los tejados arracimados a distintos niveles. Calles, corrillos y
costanillas desdibujados en la imagen por la superposición de edificaciones, y
de las que difícilmente se aprecia con nitidez o precisión su trazado. De vez en
cuando entre la masa informe, entre la amalgama monótona de tejados y troneras
se distingue en altura y proporciones alguna casona de antiguos mayorazgos o de
labradores ricos.
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En el
plano inferior los paredones dentados del Convento de San Bernardo,
restos de la antigua cerca de la villa. La masa del convento, extenso
pero de fábrica adusta, con su torre para las vistas que se eleva sobre
la uniformidad o plano del tejado. En un flanco del edificio sobresale y
destaca la torre de la iglesia de Santa María de Renueva, a cuya fabrica
o nave se adosó en 1584 este monasterio. La torre parroquial con sus
cuerpos y en parte cegados ventanales. También despuntan o se significan
sobre el conjunto algunos edificios del cercano Corrillo de Renueva,
como las Casas llamadas de San José. Los tejados y la parte superior de
las viviendas nos permiten distinguir entre la masa abigarrada de
construcciones el trazado de algunas de las calles de esta zona de
Benavente, llamada o conocida popularmente como “el cazo ahumao” (parece
ser esta denominación le venía porque predominaban en ella las
edificaciones humildes con hogares o cocinas de lumbre baja, en la que
se ahumaban marmitas y cazos).
En lo más alto los muros del espaldón del Convento de
Santo Domingo en la Ronda de Madrid, (su nombre no es en cualquier caso
una alusión a la capitalina Villa y Corte, sino a una importante familia
apellidada De La Madrid, cuyas casas de mayorazgo tenían sus
traseras corrales y paneras a dicha ronda). El convento con su vasta
extensión y robustos muros reforzados de gruesos estribos en sus muros y
tapiales parece elevarse como una mole sobre el caserío. Nos vienen a
demostrar la importancia y extensión que tuvo el mismo y la altura de
sus muros, semejantes a los de una fortaleza. Entre paredones se deja
ver el arbolado que ocupa los patios de la en otro tiempo antigua huerta
monástica, lo cual nos dan idea del extenso perímetro que ocupo la
heredad dominica.
Aún se aprecian en la imagen los restos de su antigua
torre-campanario ya desmochada, que en nada parece equiparable a la
vetusta y rotunda torre de Santa María que asoma a sus espaldas, y la
cual parece confundirse con los edificios conventuales al despuntar
sobre uno de los flancos del edifico dominicano. La torre del templo
mayor de Benavente se distingue por su entonces chapitel metálico
abombado y coronado por una linterna.
En diferentes planos y sobre el promontorio se alza
Benavente, en cuyo caserío predominan construcciones de una o dos
plantas, no obstante de vez en cuando sobresale alguna construcción de
más entidad, proporción y altura que el resto. Por las cuestas de la
parte baja de este lado de la villa se desparraman las casas en un
laberinto de cuestas, calles y callejuelas que desdibujan el entramado
urbano. |
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De esta instantánea tomada desde la lejanía, que no a
vista de pájaro, y entre la masa ingente de edificaciones resulta
difícil identificar el trazado urbano de la villa, apreciándose a penas
las fachadas de algunas construcciones bajo la mancha desigual y
predominante de los tejados, entre los que de vez en cuando se abren
tragaluces y troneras.
Asoman y se distinguen en la parte más elevada de la
imagen algunos edificios de la Ronda Madrid, como del llamado Palacio de
la Vicaría, la trasera del hotel Mercantil, este último con su galería
de miradores en el piso superior. En un plano inferior, entre el
abigarrado conjunto de casas y edificios, se aprecia una chimenea
perteneciente al obrador de una de las fábricas de Casa Romero y Grande
(Chocolates “La Fama”, lamparillas y bujías esteáricas), ubicada en el
pasadizo de San Nicolás.
Particularmente destaca en altura y volumen la estampa de
la iglesia de San Nicolás, con su robusta torre y testero plano en su
cabecera, y bajo ella no pasan desapercibidos en absoluto dos edificios
naviformes que son ampliación trasera del palacio de Patilla que tiene
su fachada hacia la Plaza del Grano (Casas del conde de Patilla). Más a
su derecha se alza dominante, en lo alto de la mencionada Plaza, el
edificio del ayuntamiento. Completan este tramo de la imagen otros
edificios de la burguesía local, así se distinguen algunos de los
balcones de traza arabesca o neomudéjar de la Casa Donci (1900), y
enfrente los de la Casa del Cervato (1881).
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Los tejados y hastiales de las grandes casonas o
edificios de la Plaza del Grano o de los bueyes asoman en
gradación en esta parte de la imagen, permitiéndonos vislumbrar en algo
la dirección y pendiente de este espacio urbano delimitado entre la
Calle Santa Cruz y la mencionada ágora. En el plano inferior de la
fotografía se observan las naves, fachadas y paredones del antiguo
monasterio de San Francisco (alguna de cuyas crujías se aprecia en la
instantánea se encuentra en franco proceso de ruina).
Sobre la masa ingente de construcciones e inmuebles
asoma o sobresale la torre y el hastial oeste de la Iglesia de San Juan
del Mercado. Próxima a ésta se encuentra el edificio de las Escuelas de
la Encomienda (proyectado en 1896) y ejecutado algunos años más tarde,
con su fachada posterior de ladrillo cara vista de simétricos y
ordenados ventanales, y junto a ambas destaca la extensa nave del
Hospital de San Juan Bautista, conocido como Hospital de arriba o
provincial. En una visión detenida el espectador puede distinguir los
ventanales blanqueados de franjas en sus dinteles y los árboles de su
patio que asoman sus copas entre las edificaciones del entorno.
Como si de una estratigrafía se tratase ladera abajo se
distingue la superposición de edificios y tejados, destacan sobre manera
algunos de ellos, pues no en balde por esta zona de la ciudad asciende
el principal eje urbano que desde las llamadas Afueras de la Soledad
se dirige por la Calle de Santa Cruz, vía Plaza del Grano hacia el
centro de la urbe. Por ello concentra este espacio el mayor número de
grandes edificaciones, salvo los ya enumerados antiguos edificios
conventuales desperdigados por su solar urbano. Los grandes tejados
algunas de sus edificaciones así lo delatan: Hospital de San Juan,
edificio de la Encomienda, Ayuntamiento, Casa del Cervato y edificios
contiguos, Casa Donci, Hospital de la Piedad, Casa
de don Mateo Silvela,
además de otras muchas.
Debajo de él, y en un nivel inferior, se distingue el
campanil del Hospital de la Piedad, que se alza airoso sobre el tejado,
del mismo se identifica fácilmente también la fachada situada al
naciente y la cual se abre un amplio patio de acceso. El tramo bajo de
la Calle de Santa Cruz y de la Cuesta del Hospital en su descenso para
confluir la Plazuela de la Soledad apenas se entrevén entre una amalgama
de edificaciones, y sobre todo por las copas de la línea de árboles que
a ambos lados del Canal del Esla, en su tránsito por la zona, impiden la
visión. |
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Entre el grupo de casas que en el entonces camino de Maragatos se
distingue la Casa del Señor Félix El Pellejero, la del señor Froilán,
entre otras. En lo alto de la Cuesta del Hospital, sobre un pequeño promontorio
del antiguo tejar de la puerta del Sepulcro o de Astorga, se alzan algunos
edificios de la actual calle Zarcero, como la casa más tarde conocida como
Bodega de Calzada. Cuesta abajo, entre las todavía escasas construcciones
se distingue la Fabrica Harinas de Herminio García, conocida como también como
de las Cavitas.
En la parte superior del flanco derecho de la imagen sobre la
planicie se deja ver un solitario pino o tal vez ciprés, próximo al viejo
cementerio que ocupó hasta 1933 esta planicie. Bajo ella se observa la ladera
pelada de los cuestos de la actual Calle del Parque o del Colegio de la Vega.
En el plano inferior de la imagen los márgenes del Canal del Esla
aparecen flanqueados por una galería de árboles de desigual altura y frondosidad
que impiden o dificultan la visión de las construcciones entonces existentes en
la avenida del Ferial. Apenas se identifican las traseras de algunas de las
viviendas-almacén, características de este barrio de la Soledad (entre ellas
creemos identificar el almacén de coloniales de Juan Otero y el Almacén de
Maderas de Gabino Alonso Guzmán, entre otros). |
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Dos imágenes relacionadas |
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Esta fotografía, probablemente realizada por el fotógrafo Pablo
Testera a mediados de la década de 1920, sería utilizada como cabecera del
semanario local “El Pueblo” durante algunos años de la mencionada década. No
podemos precisar si esta fotografía fue realizada con la intención o encargo
exclusivo de ilustrar dicho semanario, en cualquier caso fue utilizada para tal
fin. Es indicativo, e incluso esclarecedor, la comprobación en la panorámica de
la existencia o ausencia de algunos de los edificios construidos en Benavente
durante aquellos años, lo cual puede ser indicativo para precisar la fecha de
su ejecución. Ambas informaciones, la referente a los años en que la foto fue
cabecera de la publicación benaventana, y la concerniente a las edificaciones
existentes o comprobables en ella, nos inclinan a datar la imagen entre 1925 y
1926 . |
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Vista de Benavente desde el Este.
Eniclopedia “Espasa”, T.8, 1910 |
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La vista panorámica de Benavente que hemos analizado
detenidamente muy poco difiere de esta otra tomada unos quince años antes,
prácticamente desde el mismo paraje. A no ser por alguna construcción puntual y
sobre todo porque en ella se constata la existencia de alguna construcción más
todavía en pie entre los restos del Castillo de la Mota. Las diferencias son
prácticamente mínimas salvo en la línea del arbolado que se observa en la
imagen, ya que en la fotografía que hemos datado en torno a 1925 se aprecia que
los árboles (que por otra parte dificultan la visión del Ferial y las zonas más
bajas de Benavente por el lado del naciente), han alcanzado mayor altura y
frondosidad con respecto a esta imagen de 1910. |
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Enlace en el Blog:
Vista Panorámica - 1910
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