“En el nombre
de Dios y de la Virgen Santa María y del bien
aventurado Apostol Señor Santiago Luz patrón de las
Españas a quien tenemos por señores abogados… porque
todos los cristianos que somos llamados hijos de la
Iglesia debemos siempre punar de entender con sanas
conciencias y con toda buena noción de acrecentar al
servicio de Dios por todas las mas y mejores maneras
que pudiéramos y supieramos porque asi mejor y mas
cumplidamente cumplamos las obras de misericordia e
porque la Cofradia es hermandad de los fieles
cristianos de Dios, y fue establecida para
acogimiento de los pobres y onra de los ricos y para
salvación de todos comúnmente”
Estatutos de la Virgen de la Concha (1503,
Zamora)
Cualquier comunidad,
desde una nación a un grupo de niños que juegan en
el patio, tienen normas, sean éstas escritas o no,
consensuadas o impuestas, solemnemente ratificadas o
aprobadas por el peso del tiempo. Las normas
permiten convivir a las personas, marcan el límite
entre la libertad de uno y de otro. Pero en la
Iglesia el horizonte no solo es la mera convivencia
entre individuos; las normas se establecen fundadas
en el Evangelio y respondiendo a una llamada
particular de Dios. Desde las comunidades monacales,
los nuevos institutos a las cofradías, todo tiene
una finalidad común: Dios, cada cual en su estado,
en su carisma.
Las cofradías desde
antiguo dieron particular importancia a sus Reglas.
Éstas eran verdaderos monumentos de espiritualidad,
ya que pertenecer a una o a otra hermandad no era
baladí. Los cultos y obras de caridad de las
hermandades eran extensos y comprometían a la
persona, que desempeñaba su labor como fiel
cristiano e hijo de la Iglesia en el seno de la
Cofradía. El propio nombre de Reglas hace referencia
a una regla de vida, a imitación de las órdenes
religiosas y de las órdenes terceras, también
seglares pero que compartían la misma espiritualidad
de la orden matriz. Las cofradías seguían este
último modelo, aunque no con el rigor ni con una
visión tan completa de la misma, pero sí
incorporando a su vida diaria el propio ciclo anual
de su Hermandad.
Con el paso del
tiempo y la pérdida de bienes, la reducción de
cultos, la propia secularización de las hermandades,
el término Reglas (o también constituciones), que
sí se conserva en el sur incluso con la concepción
de ser un regla más general que ser una
regularización de un desfile, se fue perdiendo,
llamándose actualmente estatutos. ¿No resulta algo
más pobre, más burocrático, incluso más triste? |
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¿Un ejemplo de
Reglas?
“El espíritu de
servicio y hospitalidad, a ejemplo de Santa
Marta, llevará a descubrir y atender a Cristo en el
prójimo, preferentemente en los pobres según el
Evangelio, destinatarios predilectos de la misión
del Señor. (…)Asumirán las tareas y situaciones de
la vida terrena, los gozos y las
preocupaciones humanas y religiosas, con creciente
esperanza cristiana, confiando siempre en las
promesas del Señor, sabiendo que la misión de
la Iglesia en el mundo nunca está acabada y que el
Espíritu Santo siempre la impulsa, dando
pleno sentido a la existencia humana, sintiéndose
miembros activos del Pueblo de Dios que peregrina
hacia la casa del Padre, y procurando colaborar de
manera particular en la pastoral de los enfermos”.
Real, Muy Ilustre y Venerable Hermandad
del Santísimo Sacramento, Inmaculada Concepción,
Ánimas Benditas y Cofradía de
Nazarenos del Santísimo Cristo de la Caridad en su
Traslado al Sepulcro, Nuestra Señora de las Penas y
Santa Marta. Sevilla, 2010.
Frente a estas líneas
iluminadas por la fe, que son juradas por los nuevos
hermanos y cuyas promesas son renovadas anualmente
por los antiguos cofrades; los estatutos de las
cofradías del “norte” adolecen por su raquitismo,
reducidos a un mero mecanismo burocrático (oxidado,
poco práctico y menos usado) que rige
mayoritariamente procesiones y elecciones,
reduciendo la cofradía a un mero residuo histórico
frente a un desfile anual y la jerarquía del grupo.
El Estatuto Marco de
la Diócesis de Zamora ha intentado crear un concepto
de cofradía que vaya más allá de la mera procesión.
Una líneas claras, una estructura con pilares
fuertes… pero le falta alma porque nuestras
hermandades solo la tienen cuando salen a la calle.
Por lo cual nuestras asambleas están aprobando
proyectos de estatutos reproducidos del Estatuto
Marco cambiando nombres y algún procedimiento
específico, sumándole algún ceremonial propio, pero
poco más, muy poco más. Le falta lo que le faltan a
nuestras procesiones: cofradías. Así pues, los
estatutos son manuales que nos indican cómo usar la
hermandad una, dos o tres veces al año, eso si son
consultadas y no re-interpretadas por usos y abusos
diversos. También es lacerante el desconocimiento
generalizado de los estatutos por parte de los
propios hermanos, ya que su irrelevancia simplemente
los hace prescindibles, solo consultados cuando
resultan útiles para la discusión, el enfrentamiento
o las venganzas personales.
Si bien es cierto que
las cofradías han tenido en el pasado, como en el
presente, un grado de conflictividad que requería
consultar no solo las diversas constituciones,
reglas o estatutos tanto como el Derecho Canónico,
las antiguas normativas establecían que aquello era
sagrado: hablaban de ello, profundizaban en ello, lo
regularizaban, marcaban un ideal, invitaban a la
piedad y a la reflexión… ahora el pragmatismo
incluso invita a la formulación de un caparazón
general que son los estatutos y un reglamento
interno que trata lo que les interesa a los
hermanos: la procesión. Así el Obispado aprueba lo
primero para evitar “desmadres” carnavaleros que ya
han tentado a algún sector y deja a la autonomía de
la cofradía lo segundo: repartir varas, ponerse
sandalias, colores diversos de caperuces y fajines,
e ir bien peinados a la procesión.
La Protestación de Fe
de la Hermandad que antes mencionaba especifica:
“Nuestras Reglas nos exhortan a hacer de nuestra
vida un culto grato a Dios a imitación de su Madre,
María Santísima”. Ése es el sentido último
de unas Reglas, Constituciones o Estatutos. Es la
vara de medir que nos indica si estamos ante una
Hermandad o una peña organizadora de procesiones. Es
cuestión de cada cual saber dónde se encuentra y
dónde quiere estar. ¿Reglas … o manuales?
Alberto García Soto
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