LA DOLOROSA


La imagen de Nuestra Señora de los Dolores fue realizada en 1928 y es obra del escultor valenciano Pío Mollar. Representa a la Madre llevando en sus manos la corona de espinas y el paño de lágrimas. Es una imagen de bastidor, de finísima elegancia y gesto delicado. Hay en ella como un andar callado en el sufrimiento.

Viste con hábito negro en el que destaca el bordado de una cruz y un corazón de plata atravesado por un puñal. El manto que la cubre está bordado en oro y adornado con motivos florales. Sobre su cabeza lleva una delicada corona de plata con siete estrellas que simbolizan los Siete Dolores.

Perteneció originalmente a los señores Bobillo Romero, quienes la adquirieron e incorporaron a la Semana Santa de Benavente. 

Se encuentra en la Capilla de Jesús Nazareno, en la Iglesia de Santa María del Azogue.

En la actualidad procesiona con la Cofradía de Jesús Nazareno en los actos del Encuentro. Entre los años 1991 y 2004, al igual que en el 2007, también participó en la Magna Procesión del Santo Entierro del Viernes Santo por la noche.

El año 2000 estrena andas, al igual que Jesús Nazareno, y pasa a ser procesionada por doce cofrades que, revestidos de túnica y verduguillo, se distribuyen en cuatro banzos. Este mismo año se encargan postales de Jesús y la Virgen, para ser repartidos entre los cofrades, con la Salve y el Credo en su parte posterior.

Uno de los momentos de mayor emoción de la Semana Santa benaventana es el cántico de la Salve a la Virgen, una vez terminado el Vía Crucis, en la procesión del Encuentro del Viernes Santo por la mañana.

Una vez restaurado, La Dolorosa pasa a tener su propio estandarte el año 2003


Su padre y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de él. Simeón los bendijo; luego le dijo a María su madre: He aquí que éste está destinado para caída y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción, y una espada atravesará tu misma alma, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones. Lucas 2, 33-35


LA SALVE

Dios te salve, reina y madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y después de este destierro,
muéstrame a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.